Rafael Cardona

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¿Y cuando hablamos, dialogamos?

¿Y cuando hablamos, dialogamos?

Cuando

El Cristalazo. Escrito por: Rafael Cardona

Aquí al parecer hay algo más complicado que el Brexit. Y quizá de mayores consecuencias.

Al parecer en estas mesas de “diálogo” —instaladas en la Secretaría de Gobernación—, las dos partes no parecen estar hablando de lo mismo. Se advierte, hasta para el más lerdo, una gran divergencia, no sólo en el tratamiento del diálogo, sino también en su materia.

El gobierno federal pretende persuadir a los maestros afiliados a la Sección 22, ahora ya asimilados o representados políticamente por Morena, de no protestar de la manera como les ha sido útil hacerlo para ser tomados en cuenta, así sea para una condena generalizada, y se les pida por no sé…novena, décima ocasión, sentarse a una aburrida e infecunda mesa de diálogo en Bucareli.

¿Para qué? ¿Para suspender los bloqueos, no tomar carreteras, no estrangular la economía de la ciudad de Oaxaca; para permitir la libre circulación de productos y personas? Porque da la casualidad que quizá estos profesores no sepan muchas cosas —casi todos ellos son profesores de nivel inicial educativo, de nivel básico—; pero sí saben cuál es la utilidad de caminos y carreteras y saben cómo hacer para volverlas inútiles, para impedir el transporte de mercancías, bienes o personas.

Entonces ellos han estrangulado ciudades completas, pueblos de diferente tamaño, fue lo ocurrido, obviamente, en Nochixtlán, y las consecuencias de eso, están ahí, como materia de una investigación, cuyos resultados, sean cuales sean, no van a satisfacer a los “políticamente correctos”. Ya lo sabemos.

Por ejemplo, no se va a poder convertir al compañero periodista Elpidio Ramos, en un mártir de la libertad de expresión, porque no lo mató la policía, lo mataron quienes (solidarios con la CNTE) lo habían amenazado de no tomar fotos de los bloqueos y los saqueos a los comercios. Entonces no es una muerte rentable para los fines políticos y de propaganda de la CNTE.

Pero rentable o no rentable, ellos dicen, la materia de la discusión, negociación o diálogo (¿con sordos, sardos, zurdos, cerdos?) es la reforma, y tanto el secretario de Educación, Aurelio Nuño, como el presidente de la República, Enrique Peña, en viaje por Canadá, les han dicho: la reforma no se negocia, porque ya se negoció, y se negoció como se deben hacer en este país las leyes, en el Congreso de la Unión.

Estas leyes fueron debatidas, analizadas, votadas, promulgadas, publicadas, consagradas hasta en rango constitucional, y por tanto, no se podría hablar de discutir la reforma, se debería entonces discutir la Constitución y la Ley General de Educación, y el gobierno dice:

—“Eso no es negociable”.

Entonces, si una cosa quiere ser negociada por una parte y no es negociable por la otra ¿cuál va ser el resultado en los días por venir?

Lo único posible es el encono de las posiciones en el tono político, ya asumido por Morena: la renuncia de todo mundo. Claro, todo mundo del gobierno: Osorio, Nuño… y además la virtual abdicación del Presidente de la República para dejarlo simplemente como Messi después de fallar un penalti. Ya me voy, lo cual es imposible y no se debería hacer, solamente porque así lo pide el caudillo de una fracción política, por muy grande y por muy numerosa como sea ahora Morena.

El domingo hubo una gran marcha en la Ciudad de México, esa gran marcha fue enorme o muy pequeña, según se le compare. Si la medimos con la Marcha del Orgullo Gay… fue muy pequeña, muy marchita (en diminutivo y en adjetivo), fue una marchita un poco marchita; si la comparamos con las manifestaciones previas convocadas por el mismo caudillo, es una “marchititita”. El día del desafuero Andrés Manuel metió 300 mil gentes en la periferia del Zócalo y todas las calles cercanas al Palacio Nacional y la Catedral, y los edificios del Gobierno de la Ciudad; pequeña marcha si la comparamos con la toma del Zócalo y del Paseo de la Reforma.

Sin embargo, tampoco se mide la importancia de un movimiento político por el número de personas sueltas en las calles.

Los empresarios de México necesitaron solamente 300 personas de pipa y guante para vetar una ley.

Pero bueno, lo preocupante es esta convocatoria a la rendición del gobierno, esta capacidad de suponer la modificación del gabinete presidencial nada más por una sola movilización.

La transición se da cuando terminan las elecciones, cuando ya se sabe quién ganó un proceso legal y un proceso legítimo, y entonces viene una transición, como ha ocurrido en este país desde hace muchos, muchísimos años, con las peculiaridades de cada reforma política sexenal o transexenal, o como sea ahora.

Las elecciones serán en el 2018, y no tienen otra convocatoria, menos con esos llamados a la urgencia o a la abdicación o a la claudicación, o al cese masivo, solamente porque un señor aprovecha el movimiento magisterial para darle aliento y promoción a su partido político.

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